Herbert Frey
Nietzsche: La reescritura de la enfermedad
y la superación imaginaria de la decadencia
           

Cuando el 25 de agosto de 1900 Friedrich Nietzsche murió en la villa Silberblick de Weimar, ya había atraído sobre si la atención de artistas y literatos de toda Europa. La reputación de Nietzsche como filosofo que había anunciado la muerte de dios y que, diez años antes de su propia muerte, había sucumbido a la locura, era un tema apropiado para aquellos círculos literarios afectos al mito del genio y la locura, y que aquí se veían confrontados con el destino de un hombre que había sacrificado su propia vida en aras de su obra; que se había identificado con el dios griego Dionisos en su ultimo escrito, “Ecce homo”, su auto biografía interpretada filosóficamente; y que, con esta estabilización como victima anticristiana, pretendía salvar a Europa de su ineluctable decadencia. Con la interpretación de la historia de Europa como historia de la decadencia del nihilismo, que veía fundamentada en el cristianismo y en la filosofía Platónica, se estilizo a si mismo como un Cristo anticristiano en sus delirantes mensajes de enero de 1889, que rubrico con la firma del Crucificado. Esto probablemente hubiera dejado indiferente al mundo intelectual de Europa, si Nietzsche no hubiera trazado en su obra un cuadro de decadencia de este continente, con el que se pudo identificar una generación de intelectuales y literatos en ciernes que, desafiando la idea de una vida segura sustentada por la burguesía, lanzo el lema nitzscheano de “vivir peligrosamente”. Después de su colapso mental el 3 de enero en la Piazza Carlo Alberto de Turín, Nietzsche, cuyas obras en sus últimos años de lucidez se había vuelto prácticamente invendible, se encumbro repentinamente como tip secreto de los literarios alemanes y, posteriormente, también de los franceses e italianos.

Él, que había luchado a lo largo de toda su vida contra el secreto de compasión entendido desde una perspectiva cristiana, se quebró al ver como un brutal cochero maltrataba a su caballo. Entre lagrimas y lamentos se arrojo al cuello del animal y se derrumbo. El 4 de enero de 1889, Nietzsche escribió a su antiguo amigo y secretario Peter Gast una tarjeta postal con las siguientes palabras: “A mi maestro Pietro. Cantemos una nueva canción: el mundo se ha glorificado y los cielos se regocijan. El Crucificado” (KSB, 8, 575). Esta y otras notas delirantes motivaron a Franz Overbeck, uno de los mejores amigos y colegas de Nietzsche en Basilea, a viajar a Turín y llevarse al enfermo a una clínica para trastornos nerviosos en esa ciudad suiza.

Ahí, el medico anoto:

“Pupilas diferentes, la derecha mas grande que la izquierda, reaccionan con suma lentitud. Estrabismo convergente. Fuerte miopía. La lengua muy pesada, ¡no hay desviación ni temblor! Nervios (?) faciales poco dañados, …no hay una conciencia clara de la enfermedad, se siente increíblemente bien y animado. Refiere que ha estado enfermo desde hace ocho días y ha padecido con frecuencia de dolores de cabeza. También ha sufrido algunos ataques, durante los cuales el paciente se habría sentido increíblemente bien y animado y, de preferencia, habría abrazado y besado a todo el mundo en la calle”.

(Cita según Frenzel, 1966, p.131)

A mediados de enero de 1889, la madre de Nietzsche fue a recogerlo a Basilea para, acompañada de Overbeck, llevarlo a Jena, donde el filosofo fue internado en la clínica del profesor Binswanger. El diagnostico de la enfermedad de Nietzsche rezaba “parálisis progresiva”, una denominación discreta para la sífilis.

En marzo de 1980, la madre obtuvo el permiso para cuidar al enfermo en un ambiente domestico y a partir de 1897, cuando ella murió, fue su hermana Elisabhet la que se ocupo de Nietzsche. Elisabhet Forster Nietzsche se instalo en una casa en Weimar, en la que no solo cuido de su perturbado hermano, sino también reunió sus libros, manuscritos y apuntes. Poco tiempo después y todavía en vida de Nietzsche, escenifico al enfermo como espectáculo, lo que mas adelante habría de constituir el origen de su leyenda.

El despegue meteorito de sus escritos –que se inicio con la perturbación mental de su autor y que continuo después de su muerte en el año en que viraba el siglo – Nietzsche solo hubiera podido soñarlo en vida. En cualquier caso, todavía pudo vivir una pequeña satisfacción, cuando el historiador literario danés, Georg Brandes, conocida en toda Europa, hizo el anuncio de una serie de conferencias sobre el filosofo alemán Friedrich Nietzsche, en el que comparaba a este con Strindberg y Dostoyewski. Ya antes, Brandes había escrito que de los libros de Nietzsche emanaba “un espíritu nuevo y original”, al que apostrofo como “radicalismo aristocrático” –una definición con la que Nietzsche muy bien podía identificarse: “Permítaseme decir, que estas son las palabras mas inteligentes que he escuchado hasta ahora sobre i” (carta a Brandes del 212-1887; KSB,8,206)

A partir de 1890 se inicia en Europa el entusiasmo literario por Nietzsche, aunque al principio con una estruendosa mal interpretación de su filosofía. Es el concepto del superhombre, el que revolotea por todo el ámbito europeo en las mentes de los literatos del fin de siecle como I´homme superieur, el superuomo, el overman y el superman; como prototipo del macho en esos tiempos de delirio de grandeza civil. Ningún filosofo ha inspirado y motivado jamás de manera tan excesiva a los escritores como Nietzsche. Cuando estaba aun con vida en su ultimo decenio de perturbación mental, es decir a partir de 1980, se inicia en forma vehemente su recepción literaria en Alemania y Francia, y de ahí el entusiasmo se contagia a Italia e Inglaterra, aunque en esta ultima su efecto se observa mucho as reservado. Este temprano entusiasmo por Nietzsche se vio ampliamente marcado por una total incomprensión del cosmos de sus ideas, lo que entonces también estuvo relacionado con un deficiente conocimiento de su obra. Fue sobre todo el concepto del superhombre, el que los literatos incorporaron como un elemento para enfrentar con vigor la decadencia general de la cultura. La filosofía de la tras valorización de Nietzsche se malinterpreto al principio en forma radical. El nuevo modo perspectivista de ver, entender y valorar fue interpretado de manera puramente materialista; lo que entusiasmaba, eran las frases explosivas que Nietzsche hacia denotar bajo los cimientos de la burguesía.

A partir de 1900, sin embargo, la comprensión de Nietzsche empezó a modificarse en la ascendente generación de escritores y literatos. Esta generación, que habría de marcar en forma decisiva a la literatura alemana, estaba integrada por Gottfried Benn, Stefan Zweig, Hermann Hesse, Rainer Maria Rilke, Thomas y Heinrich Mann, Hugo von Hofmannsthal, Stefan George, Alfred Doblin y Robert Musil.

Todos ellos eran niños aun, en los años en que Nietzsche escribió su obra, y jóvenes, cuando culmino su vida. En la atmosfera de sus casas paternas, veían el mundo contra el que Nietzsche tuvo que afirmarse, del que huyo y con el que nada lo vinculaba, mas que ataduras traumáticas. Fueron formados en escuelas y universidades permeadas por un espíritu fundacional tan optimista como nacionalista. Todos ellos creían asfixiarse en esta atmosfera. Nietzsche personificaba para ellos la liberación de semejante estrechez. Veían la incondicionalidad de su pensamiento como una luz en el camino. Nietzsche les proporcionaba conciencia de si mismos, valor para la iniciativa propia en un mundo gobernado en forma patriarcal; el proclamo de libertad de objetivos de la vida, glorifico su capacidad de elevación embriagadora-inmanente y llevo una vida al margen de la sociedad.

Alrededor de 1900, todo esto causaba una fuerte impresión en los jóvenes literatos, reafirmaba su individualismo, su apremio de un distanciamiento antiburgués, su necesidad de crear un excéntrico perfil propio. Nietzsche se adelanto en forma sismografíca al movimiento de esta época; anticipo el desplazamiento de tierra que le sustrajo el piso a la burguesía – en una época, en que esta burguesa se sentía mas segura que nunca. Él desenmascaro la moral burguesa, hizo resonar las formas huecas del status social y destapo brutalmente los tambaleantes cimientos de esta sociedad. Su lucha estaba dirigida contra una capa social trivial. Por eso, desde un principio se adhirieron a el los hijos rebeldes de la burguesía, los renegados, marcados muchos de ellos por ese mismo medio al que combatían.

El espíritu del mundo literario alemán estaba permeado por las ideas de Nietzsche , que le prometían la superación de la decadencia de su época. Todavía cincuenta años después de su muerte, Gottfried Benn, uno de los representantes de la generación aludida, describió la impresión que dejo en él el pensamiento de Nietzsche.

“En realidad, todo lo que mi generación discutía, lo que debatía interiormente, puede decirse inclusive, lo que padecía; puede decirse, también, lo que analizaba a detalle – todo eso ya se había expresado y agotado en Nietzsche, ya había encontrado su formulación definitiva; todo lo demás era exegesis. Su estilo peligrosamente tormentoso y relampagueante, su inquieta dicción, su renuncia a permitirse cualquier idilio y cualquier lugar común, su formulación de la psicología de los instintos, de lo constitucional como motivo, de la filosofía como didáctica – la cognición como afecto, todo esto es su obra. Como se evidencia cada vez con mayor claridad, el es el inigualable gigante de la época posterior a Goethe” (Benn, 1950, 482).

Y, sin embargo, este gigante de la historia del pensamiento europeo, al que Benn describe de manera tan elocuente, era un ser atormentado por jaquecas y migrañas que, en todo caso, logro dar a sus enfermedades otro sentido y concebirse a si mismo como una criatura de la decadencia, a la que se esforzaba por superar con el mito de la gran salud. Nietzsche estiliza su enfermedad: convierte a sus insoportables dolores de cabeza en la condición previa para elevar su propia sensibilidad, la cual, a su vez, constituye también un requisito para el análisis de la decadencia europea y de la crisis de la modernidad.

“Nací como una planta cerca del cementerio y, como hombre, en una casa parroquial” (NW, III, 108), así se describió Nietzsche a los 19 años en una de sus primeras autobiografías; y, del mismo modo que a una planta, la sensibilidad y la fragilidad también habrían de acompañarlo el resto de su vida.

Nietzsche escribió innumerables autobiografías y la ultima, la mas famosa de ellas con el titulo “Ecce homo”, fue tan solo la interpretación concluyente de su vida y de su obra, redactada en los meses de octubre y noviembre de 1888, poco antes del inicio de su muerte mental, que era una consecuencia de su padecimiento sifilítico. Fue sin embargo también esta enfermedad, la que condiciono que en la vida de Nietzsche se sucedieran fases de profunda depresión con otras de incontrolable euforia, mismas que conducían entonces a un maniaco frenesí creativo.

“La vida como literatura”, con esta formula interpreto Alexander Nehamas el rasgo fundamental de la vida y escritura de Nietzsche. Según el, los textos de Nietzsche no describían nada, sino que ejemplificaban en forma elaborada y detallada la condición ideal de su figura ideal. Y esto, a su vez, “no seria ninguna otra cosa, mas que la figura a la que precisamente representan estor textos: a Nietzsche mismo” (Nehamas, 1991, 297). En sus escritos, Nietzsche habría hecho de si mismo “una figura literaria”, como Goethe, se habría creado a si mismo (Nehamas, 1991, 298). Su gran innovación, empero, consistiría “en haber alcanzado esta meta sosteniendo que, crearse a uno mismo, era lo mas importante en la vida”.

Nietzsche, según resume Nehamas en sus reflexiones, habría demandado que fuésemos los “escritores de nuestra propia vida” (292) y, en este sentido, el se habría esforzado exitosamente en convertirse en “el Platón de su propio Sócrates” (299). De ahí viene la estrecha relación entre la literatura y la filosofía en Nietzsche, y el gran entusiasmo de los literatos por nuestro filosofo.

Nietzsche quien en su autobiografía ficticia “Ecce homo” predica el gran salto a la salud, sabe desde niño lo que es el dolor físico y psicológico. Antes de alcanzar el cuarto año de vida, su padre muere en forma lastimosa de una enfermedad cerebral; una inflamación seguida de un reblandecimiento del cerebro, según rezaba el diagnostico del medico en la terminología bastante vaga de la época. Debido a este hecho, en la investigación sobre Nietzsche resume constantemente la hipótesis de que este podría haber tenido un lastre hereditario (Niemeyer, 1998, 75-90).

Un registro en el archivo medico de Schulpforta apoyaría esta suposición.

“Nietzsche es un hombre recio y saludable, con una mirada sorprendentemente penetrable, miope y afectado con frecuencia por migrañas. Su padre murió joven de reblandecimiento cerebral y fue gestado en una edad avanzada; el hijo, en la época en que el padre ya estaba enfermo. Todavía no hay visibles signos serios, pero es necesario tener en cuenta los antecedentes” ( Gerhard, 1995, 33).

Hay que partir, por lo tanto, de que en general se le considera con una carga hereditaria. Durante una época de su vida, Nietzsche es además sumamente miope, y los dolores de cabeza, que habrían de incrementarse de manera extrema en los años de madurez, se presentan ya en su juventud. Son estos martirizantes dolores de cabeza y trastornos visuales, acompañados de un inicial proceso de sífilis, los que obligan a Nietzsche en 1871 a abandonar su cátedra en Basilea (Volz, 1990, 358-393). Se inician entonces los años de peregrinaje entre la Engadina suiza en verano y las rivieras italiana y francesa en invierno, con condiciones climáticas adecuadas para el enfermo, que logran disminuir un tanto sus padecimientos. En los años en los que los dolores físicos de Nietzsche alcanzan su nivel mas alto, la muerte del padre esta continuamente presente.

El hecho del que el punto mas bajo de salud coincidía con los mismos años de edad en que enfermo y murió su padre, permite a Nietzsche trazar paralelos con la vida de este, al que concibe como un decadente amable.

“ Mi padre murió a los 36 años de edad: era delicado, amable y moebido, como un ser únicamente destinado a sucumbir – una remembranza bondadosa de la vida, mas que la vida misma. El mismo año en que decayó su vida, empezó a decaer también la mía; a los treinta y seis años alcance el punto mas bajo de mi vitalidad – logro sostenerme, pero sin poder ver tres pasos delante de mi. Entonces –era 1989 – abandone mi cátedra en Basilea, pase el verano como una sombra en St. Moritz y el siguiente verano, el menos soleado de mi vida, como una sombra en Naumburg. Llegue al mínimo: durante ese tiempo surgió “El caminante y su obra”. Indudablemente, en esa época era yo un experto en sombras…” (EH, KSA 6, 265).

El hecho de que el punto mas bajo de su salud cayera en el mismo año de vida en que enfermo y murió su padre, lo utilizo Nietzsche para definir uno de los polos de su persona, es decir el “decadente”. La decadencia es debilidad, falta de resistencia y de energía vital: “las enfermedades, sobre todo las enfermedades nerviosas y cerebrales, son indicio de que falta la fuerza defensiva propia de una naturaleza fuerte” (KSA 13, 265), Escribe Nietzsche en los fragmentos de 1888, bajo el titulo “Sobre el concepto Decadence”, para complementar luego estos conceptos de la siguiente manera:

“El declive, la ruina, la exclusión no son algo en si que debiera ser juzgado: son una consecuencia diaria de la vida, del crecimiento en la vida. La aparición de la vida es tan necesaria como cualquier comienzo y avance de la vida: no esta en nuestras manos eliminarla. La razón, por el contrario, exige lo que por derecho le es propio…” (KSA 13,255).

La decadente aparece aquí como una deterioro necesario para la preservación de la vida, posterior a cada crecimiento y que crea otra vez espacio para la renovación y reconstrucción. Pero también existe otra dimensión del termino decadente, que esta relacionada con un crecimiento de la sensibilidad. Mediante la disminución de la fuerza de resistencia y la sensibilidad resultante de esta, la decadencia propicia un refinamiento de la percepción, de la capacidad cognoscitiva, del poder de expresión. Nietzsche habla aquí de rafinesse y, un poco mas adelante, subraya su sentido de las matices finos, de los Suances:

“Inclusive este arete de filigrana del captar y comprender, esta percepción de los nuances, esta psicología del “atisbar-desde-la-esquina” y, en suma, todo lo que me es propio, apenas lo aprendí entonces y es el regalo propiamente dicho de aquella época, en la que todo se refino en mi: la percepción misma al igual que todos los órganos de percepción” (EH, KSA 6, 265).

“Nuances”, “rafineces”, la lista de estos galicismos que le aportan elegancia al texto alemán podrían alegarse aun mas. Todos ellos indican individualidad y un sentido refinado del decadente que hay en Nietzsche.

La autobiografía ficticia de Nietzsche, empero, no se detiene en el concepto de la decadencia, sino que pone frente al “decadente” un movimiento constante: “ Es decir que, dando por descontado que soy un decadente, también soy todo lo contrario” (EH, KSA 6, 266). Con esta afirmación, Nietzsche emprende la reinterpretación de su enfermedad, su estilización como vencedor imaginario de la decadencia.

“Entre otras, mi prueba de ello [tanto de ser decadente como de lo contrario] es que para mis condiciones mas graves de salud, instintivamente elegí siempre los remedios adecuados, mientras que el decadente siempre elige los remedios mas dañinos” (EH, KSA 6, 266).

Aquí Nietzsche hace un salto interpretativo, se crea a si mismo, se vuelve escritor de su propia vida; se inventa una gran salud, a partir de la cual interpreta su vida. “En conjunto era yo sano, en lo especifico decadente” (EH, KSA 6, 266), dice y afirma mas tarde: “Me tome a mi mismo en mis manos, me cure a mi mismo: la condición para ello – y todo fisiólogo estará de acuerdo – es que uno este fundamentalmente sano” (EH,KSA 6, 266).

Nietzsche representa a la superación de “las condiciones mas graves” como una aportación propia. Mas aun: para el, que se define como “en el fondo” sano, la enfermedad tiene inclusive un efecto energetizante, estimulante: “para alguien típicamente sano, la enfermedad puede ser inclusive un enérgico estimulante para la vida, para-vivir-mas” (EH, KSA 6, 266).

¿Qué resulta en este proceso de autocuración del decadente en Nietzsche? Las formulaciones se vuelven aquí oscilantes: por una parte, el uso de pasado –“en lo especifico era yo decadente”– expresaría que Nietzsche ha superado lo que es “decadente” en el; por otra, predomina el uso del presente en formulaciones como “ que soy un decadente (EH, 6, 266) –conozco ambas cosas, soy ambas cosas”. Finalmente, en el primer capitulo de Ecce homo Nietzsche describe ya una oscilación periódica a lo largo de varios espacios de tiempo: “La curación significa para mi una larga, demasiado larga serie de años – significa tanbien, desafortunadamente, retroceso, declive, una especie de decadencia periódica” (EH, 6, 255).

La salud que prevalece “ en el fondo”, se convierte así en una capacidad de regeneración, que se contrapone a la escasa fuerza de resistencia del decadente y constituye, simultáneamente, la raíz de su sensibilidad y vulnerabilidad – también filosoficas–, misma que opera continuamente en su contra. Sus formulaciones, que oscilan entre el tiempo pasado y el presente, trazan precisamente el cuadro de una continua autocuración, durante la cual, de manera latente, Nietzsche permanece siendo un decadente. Justa mente por ello, su autocuración es una reiterada autosuperación. La capacidad de regeneración se convierte en una “voluntad de salud, de vida” (EH, 6, 267).

Resulta fascinante y notable que precisamente a partir de este pasaje Nietzsche vuelva a hablar de su filosofía. Una sola frase, breve y nítida – y con ella Nietzsche no hace otra cosa que dar a conocer las raíces de su filosofía.

“… de mi voluntad de salud, de vida, hice mi filosofía…” (EH, 6, 267).

Algunos años antes, en la época en que redacto La gaya ciencia, Nietzsche planteo la posibilidad de que pasar por “múltiples estados de salud”, pero también de enfermedad, podría ser imprescindible para su pensamiento filosófico.

“Un filosofo que ha recorrido la ruta de muchos estados de salud, y que la recorre continuamente, también ha atravesado por igual numero de filosofías: no puede hacer otra cosa mas que transformar cada vez su condición en la forma y perspectiva mas espirituales – este arte de la transfiguración es justamente la filosofía.

… Constantemente tenemos de partir nuestros pensamientos desde nuestro dolor y darles maternalmente toda la sangre, el corazón, el fuego, el placer, la pasión, el tormento, la conciencia, el destino, la fatalidad que viven en nosotros. La vida – esto significa para nosotros todo lo que somos; transformar también constantemente en luz y flama todo lo que nos atañe, no podemos hacer otra cosa. Y en lo que concierne a la enfermedad: no estaríamos casi tentados a preguntar si esta, en realidad, no es prescindible para nosotros” (KSA 3, 369).

En Ecce homo, Nietzsche declara en doble sentido su filosofía como producto y como expresión de su precaria existencia.

“Un ser típicamente mórbido no puede sanar y mucho menos sanarse a si mismo; por el contrario, para uno típicamente sano la enfermedad puede ser enérgicamente estimulante para la vida, para vivir-mas.

…de mi voluntad de salud, de vida hice mi filosofía… porque hay que tomar e cuenta que en los años en que alcance mi punto de vitalidad mas bajo, fue cuando deje de ser pesimista: el instinto de la autorecuperación hizo prohibitiva en mi una filosofía de la pobreza y del desaliento” )EH, 6, 266).

En Ecce homo, la novela de su vida que es mas bien un comentario de sus escritos, Nietzsche reinterpreta sus enfermedades, las asume sobre si para, en la cúspide de la decadencia, proclamar el viaje repentino hacia la salud y recuperación. Lo que irrumpe fatalmente, es aceptado por el hombre grande y transformado en amor por el destino; amor fati, una posición filosófica que ya fue introducida por Nietzsche en la gaya ciencia. En Ecce homoreza de la siguiente manera: “Mi formula para la grandeza humana es el amor fati; no pretender ninguna otra cosa ni en el futuro, ni en el presente, ni en toda la eternidad” (EH, KSA 6, 297).

De acuerdo con esta postura, el subtitulo “Uno se vuelve lo que es”, tomado de Pindaro, manifiesta la intención de Nietzsche de mostrar el imperativo interno de su desarrollo personal y reflexivo.

“Su singular existencia se convierte en símbolo de la época. Todo ocurre con la pretensión de un gran estilo, para hacer de la vida misma una obra de arte” (Gerhard, 1995, 11).

Si bien su escrito autobiográfico Ecce homo fue la ultima narración de su existencia, estilizada como obra de arte, esta tendencia ya se perfilaba en el periodo de la gaya ciencia. En el aforismo 290 de esta obra, la formula de Nietzsche para la autocreación reza de la siguiente manera:

“Uno es necesario – ¡dar estilo al carácter propio es un arte grande e infrecuente! Lo practica aquel que tiene una visión completa de todo lo que ofrece su naturaleza como en debilidad, y luego lo integra a un plan artístico, hasta que cada cual se manifiesta como arte y razón, y aun la debilidad cautiva la mirada” ( KSA 3, 530).

La formula de entendimiento “Uno es necesario” pretende fijar la necesidad de conformarse uno mismo, en lugar de creer en el yo como un hecho acabado. Apunta a una estética de la existencia, no en el sentido de una teoría de la belleza, sino en el sentido de la formación. Precisamente a ello corresponde otra cita de este mismo periodo creativo: “nosotros, empero, queremos ser los escritores de nuestra propia vida y, ante todo, de lo las pequeño y cotidiano” ) KSA 3, FW, 538).

“Ecce homo”, la ultima auto biografía de Nietzsche, implica con la elección de este titulo una afrenta deliberadamente anticristiana. Utilizando las mismas palabras con que fue presentado Jesús, Nietzsche se presenta a si mismo; es mas, sustituye a Jesús por el mismo. En Ecce homo se presenta a un hombre que sufrió profundamente por su época, por sus contemporáneos y por si mismo – una identificación con el martirizado. Mas que como experimento, Nietzsche interpreta su vida en esta obra como un órgano de conocimiento y percepción.

Sin embargo, en su presentación de un autentico testimonio de la verdad, persiste también una analogía subyacente con Jesús, quien durante su juicio dice a Pilatos: “He venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Y todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Juan, 18, 37).

Frente a esto, Nietzsche responde con su autointerpretación. El no pretende haber venido al mundo para dar testimonio de una verdad ultraterrenal. En su lugar, plantea “un acto de la máxima autoconciencia de la humanidad”, que se ha hecho “carne” en su persona.

“Pero mi verdad es terrible: porque hasta ahora, a la mentira se le ha llamado verdad – la transvalorisación de todos los valores es mi formula, para un acto de la máxima auto conciencia de la humanidad, que en mi se ha hecho carne y genio” (KSA 6, EH, 365).

En la autenticidad de sus experiencias cognoscitivas y racionales según la autointerpretación de Nietzsche – la humanidad toma conciencia de si misma y se aparta de las verdades idealistas o religiosas. La existencia ya no entendida como un valle de lagrimas terrenal – se convierte en un objeto de orientación afirmativa, que incluye sufrimiento y dolor.

“fui el primero en ver los verdaderos contraste: el instinto degenerado, que se voltea en contra de la vida con sed de venganza subterránea… y una formula de la máxima afirmación, nacida de la abundancia y de la exuberancia, un decir si, sin reservas, inclusive al sufrimiento mismo, a la culpa misma, a todo lo cuestionable y extraño de la existencia misma…” (EH, 311).

Con la formula Dionisos contra el Crucificado, Nietzsche se estiliza en el nuevo Dionisos desplazado por los dioses, que quería salvar a Occidente de la decadencia de dos milenios de cristianismo.

 

Bibliografía

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Nietzsche, F.: Sämtliche Briefe. Kritische Studienausgabe in 8 Bänden, ed. por Giorgio Colli y Mazzino Montinari, Munich, 1980 dtv [KSB]

 

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